miércoles, 20 de febrero de 2013
Madres Castrantes
Interesante artículo que relaciona la frustación a veces que llevan los hijos por la dictadura matriarcal que les imponen. Por suerte, no todas las madres son así, pero haberlas ahílas. A continuación el artículo. Espero que sea de vuestro agrado.
Hay cariños que matan, desde luego. Hay madres que tienen el gravísimo defecto de sojuzgar y someter a sus hijos hasta extremos de escándalo, sin querer darse cuenta de que el daño creado es casi de juzgado de guardia, haciéndolo en nombre del amor y se quedan tan panchas. Madres escrutadoras, inquisidoras que siguen todo el tiempo el rastro de sus hijos sin apenas descanso ni respiro. Les llaman con frecuencia, algunas varias veces al día, para saber donde están, con quien y cómo, que están haciendo o van a hacer, si han ido al cajero o que pan han comprado para el almuerzo. No importa que haga tan sólo algunas horas que supieron de él o ella. El caso es tener completa información de sus movimientos y hasta sus sensaciones y pensamientos. No sólo les llaman sino que pueden meterse en la vida sentimental del hijo para boicotearla o sabotearla. Si viven cerca de la hija porque esta ya tiene casa propia, o le piden la llave o allí se le presentan sin haber previo aviso ni invitación filial, con la excusa de ofrecerle un plato cocinado para el día. Otras veces exigen a su hijo que vaya a visitarles con frecuencia y si no lo hacen le cae una buena bronca. Frecuentemente le culpabilizan, manipulan y utilizan abierta o sibilinamente de tal forma que el hijo se sienta atrapado en la culpa y con la sensación de estar frustrando los deseos dominantes de su madre. La atmósfera de asfixia es irrespirable mientras algunos hijos (si son únicos tienen más riesgo de sufrir esa cruz) se someten, se ciñen, se pliegan y obedecen al dominio castrante y quedan atrapados cual insecto en la tela de araña. Ante esas madres que no ceden en su afán de dominio y de maltrato no queda más remedio que declarar una desobediencia civil en toda regla, arriesgándose a sufrir un escándalo, una riña severa, amenazas y gritos amén de manipulaciones verbales, chantajes y a veces improperios. No importa. Ante esas madres castrantes ¡desobediencia! hasta la liberación final y el escarmiento total. Es cuestión de vida o muerte, de sometimiento o de liberación. Atención, hijo o hija esclavizada, o cedes y te sometes o te libras del yugo. Casi no hay medias tintas. Tu vida privada y sentimental es sólo tuya y ni en nombre del cariño puede ser invadida o violentada. Me refiero naturalmente a los hijos mayores que debieran estar emancipados en el momento en que ya son adultos. Respecto a los pequeños ya hablaremos.
Miguel Silveira, psicólogo.
Miguel
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