Siempre pensé que debería existir
alguien que atisbase sin ser atisbado cada parada de metro, cada andén
de estación, cada banco de parque.
Alguien que trabajase observando a la gente.
Su estado de ánimo.
Su semblante.
El transcurrir de su día.
Alguien que se esmerase en mejorar la vida de la persona que ve en ese momento.
Cada mínimo e insignificante gesto sería percibido por él.
Cada sonrisa o expresión de tristeza.
Cada suspiro.
Cada movimiento de su pecho al tomar o ceder aire.
Y a partir de todo lo que fuese capaz de adivinar de esa persona, según tuviese un buen o mal día, hacer sonar música.
Y no cualquier canción.
Su canción.
Aquella que lograse arrancarle el fantasma del desconsuelo o una sonrisa aún mayor.
La única que pudiese hacer brotar de su interior todos aquellos sentimientos que hace tiempo que echa de menos, que siempre quiso recuperar y nunca pudo. O que nisiquiera había conocido.
La más sublime canción para ese instante que le toca vivir.
La única que le permita ser quien quiere ser.
Alguien que trabajase observando a la gente.
Su estado de ánimo.
Su semblante.
El transcurrir de su día.
Alguien que se esmerase en mejorar la vida de la persona que ve en ese momento.
Cada mínimo e insignificante gesto sería percibido por él.
Cada sonrisa o expresión de tristeza.
Cada suspiro.
Cada movimiento de su pecho al tomar o ceder aire.
Y a partir de todo lo que fuese capaz de adivinar de esa persona, según tuviese un buen o mal día, hacer sonar música.
Y no cualquier canción.
Su canción.
Aquella que lograse arrancarle el fantasma del desconsuelo o una sonrisa aún mayor.
La única que pudiese hacer brotar de su interior todos aquellos sentimientos que hace tiempo que echa de menos, que siempre quiso recuperar y nunca pudo. O que nisiquiera había conocido.
La más sublime canción para ese instante que le toca vivir.
La única que le permita ser quien quiere ser.
¿Cúal sería la tuya?
No hay comentarios:
Publicar un comentario