Llevaba tiempo haciéndose las mismas preguntas aunque no sabía cómo formularlas.
Alguien espiaba cada uno de sus movimientos.
La atisbaba cuando cogía el autobús a las ocho de la mañana.
Cotilleaba al otro lado del teléfono todas sus conversaciones.
La vigilaba cuando tomaba un café con sus amigos.
La esperaba a la vuelta de cada esquina...
Hacía mil y un planes para escapar de lo que la perseguía.
Trazaba estratagemas para despistar, pero la única que acababa desorientada era ella.
Daba vueltas y más vueltas a la misma cuestión y no encontraba una respuesta.
Estaba estancada y lo sabía. Eso era lo único que podía afirmar con seguridad.
Así que, tras mucho cavilar, resolvió hacer todo lo que su observador no esperaba que hiciese.
Decidió desconcertarse.
Escogió la duda. Se ató a la indecisión.
Grabó la palabra incertidumbre en su frente para que todo aquel que la viese supiese que en cualquier momento ellos podían ser los siguientes.
Se arriesgó a dejarse cazar.
Y cuando la sombra se cernía ya sobre ella, describió un giro de 360º y lo tuvo frente con frente.
Asaltante y asaltado permutando forzadamente sus papeles.
Intercambiando miedos paralelos.
Sintiéndose uno en el cuerpo del otro.
( De cómo la duda se encontró con el porqué )
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