Creo que me ha roto el corazón.
Una habitación a oscuras. El ordenador encendido. Modo silencio. Un haz de luz parte de él aúnando mil imágenes.
Objetos en desorden aparente. Una a una van surgiendo las sombras resultantes de la contienda entre luz y forma.
Comienza el baile de máscaras. Aquí quien pelea cuerpo a cuerpo se hiere a sí mismo primero para poder dar donde más duele después.
Y si lloras, gritas o te resistes, de nada sirve. Aquí sólo tiene precio la sangre que brota de las heridas del que tienes en frente. Cuanto más hondas, mejor.
Cae poco a poco. Se vuelve más densa por segundos. Rebasa el límite entre el carmesí y el negro. Se transforma sin esperar a que te acomodes a su presencia.
La bebes. Nunca habías probado algo tan dulce.
Y entonces lo escuchas...
Creo que me he roto el corazón.
Una habitación a oscuras. El ordenador encendido. Modo silencio. Un haz de luz parte de él aúnando mil imágenes.
Objetos en desorden aparente. Una a una van surgiendo las sombras resultantes de la contienda entre luz y forma.
Comienza el baile de máscaras. Aquí quien pelea cuerpo a cuerpo se hiere a sí mismo primero para poder dar donde más duele después.
Y si lloras, gritas o te resistes, de nada sirve. Aquí sólo tiene precio la sangre que brota de las heridas del que tienes en frente. Cuanto más hondas,
Cae poco a poco. Se vuelve más densa por segundos. Rebasa el límite entre el carmesí y el negro. Se transforma sin esperar a que te acomodes a su presencia.
La bebes. Nunca habías probado algo tan dulce.
Y entonces lo escuchas...
Creo que me he roto el corazón.
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